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Con ñ de alegría.

Sí, ya sé que la palabra alegría no contiene la ñ, pero no se me ocurría otro título para introducir el tema. No os pongáis quisquillosos. El caso es que recientemente, desde universidades de Estados Unidos y Australia, se ha determinado que el español es el idioma más feliz del mundo, seguido del portugués y del inglés. No solamente es la tercera lengua más hablada del mundo ni la segunda más estudiada, sino que ahora resulta que es sinónimo de alegría y felicidad. Y realmente lo es. Vayamos por partes.

Un lengua representa la identidad cultural e histórica de una nación. El español representa la identidad cultural e histórica de muchas naciones en diferentes continentes. Existen entre todas un nexo común, una alegría de vivir -como dice la canción- que convierte a la nuestra en una lengua con sonoridad, con ritmo, con chispa. Sí, es verdad, los españoles hablamos alto y parece que siempre estamos gritando, pero quizá sea que nuestra lengua tiene que sonar así, en voz alta, con ritmo, con música, fuerte porque es una manera más de definirnos como pueblo. En España se vive mucho en las calles (no conozco Latinoamérica pero si alguien quiere invitarme a conocer el terreno que lo haga sin reservas) sobre todo cuando llega el buen tiempo y consideramos un sacrilegio meternos en casa después de trabajar. Siempre tenemos algo que decir (de acuerdo, a veces demasiadas cosas) y por eso lo decimos bien alto. Somos de sangre caliente, quizá en ocasiones somos estridentes. La lengua española, la de un lado y la del otro, tiene siempre esa carga de viveza y musicalidad que representa una manera alegre de ver la vida y de comunicarnos con los demás. Con musicalidad no me refiero a que hablemos siempre canturreando flamenco, bachata o merengue, me refiero a que sonamos diferente, por encima de la frecuencia media quizá. Cuando nos comunicamos lo hacemos con alegría y por eso que la gente estudie más la lengua española sea una consecuencia dulcemente inevitable. Como dije anteriormente, la lengua define al pueblo que la habla y la naturaleza de sus hablantes y culturalmente somos así, tanto en España como en Latinoamérica, somos un pueblo abierto, acogedor, integrador, cercano. El español, como defiende el Instituto Cervantes, es una lengua viva. Y ahora no solamente está viva sino que lo hace con mucha alegría.

Y aquí va la segunda parte. Una de las responsabilidades que tenemos todos aquellos que nos dedicamos a la enseñanza del español es la de hacer llegar a los estudiantes nuestra cultura y nuestra forma de ser, no solo de gramática vive el hombre. Por eso tenemos que aprovechar las clases y la representatividad de nuestras escuelas e instituciones para acercar al mundo que somos más que siesta, sangría y jamón. Somos la historia, la cultura y la personlidadde muchos pueblos y comunidades alegres. Aceptemos ese reto y hagamos que la gente nos conozca más.

Quizá, después de leer esto, podríamos acuñar la palabra añegría para definir ese estado inmensamente feliz de ánimo que se produce cuando nos comunicamos en lengua española.

Alumnos y profesores, comuniquémonos a partir de ahora con mucha añegría. 

 

José María Romero Monteserín

Director Académico – ELE USAL Lisboa