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Comunicarse

Una de las cosas más bonitas y satisfactorias para un profesor es ver cómo sus alumnos progresan, paulatinamente, en el dominio de la materia que están aprendiendo. No solo somos el agente impulsor del aprendizaje de alumnos motivados y participativos, sino que poco a poco nos convertirmos en espectadores en primera fila de los progresos que se van sucediendo. Espectadores que incluso, en algún momento, pasamos a un segundo o tercer plano hasta, por un instante, desaparecer. Si los alumnos no nos necesitan para comunicarse digamos que, de manera resumida, estamos en el buen camino.

Algo así sucedió recientemente en la ELE USAL Lisboa. De un lado Haru, japonesa, nivel C1. Del otro, Daniela nivel A1. Ambas llevan ya unas tres semanas haciendo un curso intensivo y en ambas podemos observar un importante progreso, una notable consolidación de lo aprendido y un dominio progresivo en el aspecto comunicativo. La magia surgió en el momento en que ambas comenzaron una conversación en la pausa que hay entre la clase de Daniela y la de Haru. ¿Era parte de una actividad? No ¿Fue una ocasión comunicativa provocada por el profesor? Directamente no ¿Dónde estaba el profesor? Ya que me lo preguntáis, estaba en el baño (sí, amigos, los profesores vamos de vez en cuando al baño, con archivador y libros incluidos). El caso es que comenzaron a hablar, realmente mantuvieron una conversación de unos cinco minutos que simplemente dejé que fluyese. Hablaron, respetando la una el nivel de la otra, de la vida de Haru en Lisboa, de los problemas para encontrar trabajo de Daniela, del frío que estos dias tenemos en la ciudad y que no se corresponde a la época del año. Desde lejos (porque ya había salido del baño) observé cómo transcurría la escena, observé que dos personas de diferentes nacionalidades y diferentes niveles comunicativos conseguían precisamente eso, comunicarse. Observé que lo hacían con una gran sonrisa, en una actitud relajada y tranquila. Objetivo cumplido, pero sigamos trabajando.

Fui espectador de algo realmente mágico, que dos personas sin una lengua en común pudieran hablar, sin preparación ninguna, sin predisposición a ningún tema concreto, de cualquier cosa, y de que lo hicieran fuera de las paredes de una clase, que lo hicieran en un entorno casi real como bien podría ser una cafetería en Madrid, un bar en Sevilla, un restaurante en Caracas o una biblioteca en Buenos Aires.

Haru y Daniela demostraron que al final, lo que queremos, es poder comunicarnos, tener la capacidad de hacerlo superando dificultades (y la vergüenza), pedir un café, hablar de fútbol o de política, quejarnos del jefe, comprar una camisa nueva,  ir a un supermercado, leer un libro o mantener una de esas conversaciones intranscendentes en un ascensor con los vecinos.

Al final todo trata sobre comunicarnos y, si lo hacemos en una misma lengua, aunque no sea la nuestra, nos hace tener más confianza y conocer aspectos culturales de otras personas y otras realidades que, de otra manera, prácticamente sería imposible. Todo va sobre comunicarnos y todos necesitamos hacerlo.

Y si es en español, pues mejor que mejor.

 

José María Romero Monteserín

Director Académico – ELE USAL Liboa